Cultura del mérito

La cultura anti-Messi: cuando la envidia se vuelve un lastre económico

Un chico entrena fútbol en una calle de barrio con un mural descascarado, mientras una mujer observa desde la puerta de un almacén.
Un chico entrena fútbol en una calle de barrio con un mural descascarado, mientras una mujer observa desde la puerta de un almacén.

Datos clave

  • Javier Milei criticó la actitud anti-Messi en Argentina, relacionándola con el estancamiento económico.
  • La envidia en Argentina castiga el éxito individual y desalenta la innovación.
  • Según Milei, la pobreza en Argentina es del 41,7% en el segundo semestre de 2025.
  • La cultura de la envidia opera como un impuesto invisible sobre la iniciativa privada.

El sábado, el presidente Javier Milei utilizó sus redes para despedir a Jorge Messi, padre del capitán de la selección, fallecido a los 68 años. Más allá del pésame, el mandatario apuntó contra un fenómeno que lo obsesiona: la existencia de un sector «anti-Messi». Según Perfil, Milei escribió: «Da vergüenza pensar que hubo anti-Messi».

La frase, en apariencia un desahogo futbolero, es en realidad un síntoma de un problema más profundo y con costos económicos mensurables. Porque la misma pulsión que lleva a algunos a ningunear al mejor jugador del mundo es la que después reclama impuestos confiscatorios al que factura, regulaciones asfixiantes al que emprende o subsidios crónicos al que no produce. No es una cuestión de camisetas: es una cuestión de incentivos.

El mérito como motor del desarrollo

Lionel Messi es la encarnación más pura del mérito individual. Salió de un hogar de clase media rosarina, enfrentó limitaciones físicas y construyó una carrera basada en talento, disciplina y trabajo. Cualquier sociedad que aspire a generar riqueza debería celebrar ese camino como ejemplo. Sin embargo, en la Argentina persiste una corriente subterránea que sospecha del éxito ajeno, lo atribuye a la suerte o a la trampa, y exige que sea «repartido».

Friedrich Hayek advertía que la justicia social, entendida como igualdad de resultados, destruye el orden espontáneo del mercado. Cuando la opinión pública aplaude más un plan social que una patente registrada, el sistema de precios deja de transmitir información genuina sobre qué actividades son valiosas. El resultado es una asignación ineficiente de recursos que se paga en menor crecimiento. Según el INDEC, la pobreza en la Argentina trepó al 41,7% en el segundo semestre de 2025. Ese número no va a bajar repartiendo lo que otros generan, sino multiplicando los Messi en cada laboratorio, taller o campo.

La envidia como barrera de entrada

El «anti-Messi» no es un personaje folklórico; es un agente económico concreto. Es el burócrata que le niega un permiso a una PyME porque «ya ganan demasiado», el legislador que vota retenciones a la exportación para castigar al campo «rico» o el vecino que festeja un quebranto ajeno. Esa mentalidad opera como un impuesto invisible sobre la iniciativa privada.

Milton Friedman solía repetir que la libertad económica es la única capaz de garantizar la libertad política. Pero la libertad económica requiere una base cultural que tolere la desigualdad de resultados cuando estos provienen de elecciones voluntarias. Si cada emprendedor que escala es visto como un potencial Messi al que hay que bajarle el precio, el costo de oportunidad de innovar se vuelve altísimo. No sorprende entonces que la Argentina ocupe el puesto 159 entre 190 países en el indicador de apertura de negocios del Banco Mundial, o que la inversión privada apenas supere el 15% del PBI cuando en economías dinámicas ronda el 25%.

De Alberdi a Milei: una batalla cultural no ganada

Juan Bautista Alberdi, en sus Bases, insistía en que la Constitución debía fomentar la inmigración de hombres «laboriosos y honestos», no de pedigüeños. La premisa era clara: el progreso depende de la calidad de las personas y de las reglas que les permitan desplegar su potencial. Esa visión fue arrinconada durante décadas por un populismo distribucionista que instaló la idea de que la riqueza es un botín a repartir y no un flujo a crear.

La irrupción de Milei en la política representa un intento explícito de revertir ese sesgo cultural. Al defender a Messi incluso en un momento de dolor familiar, el Presidente no está haciendo campaña: está señalando un valor. Está diciendo que el que la rompe merece respeto, no escarnio. Esa señal, si se traduce en políticas que bajen el gasto público, achiquen la burocracia y devuelvan certidumbre fiscal, puede modificar expectativas. Y las expectativas, como enseñó Mises, son la materia prima de la inversión.

Lo que viene para la clase media y las PyMEs

¿Qué tiene que ver la muerte del padre de un futbolista con el almacenero de barrio o el dueño de una metalúrgica en Avellaneda? Mucho más de lo que parece. La cultura anti-mérito no distingue entre un crack mundial y un comerciante que abre los domingos. A ambos se les exige un plus de «responsabilidad social» que en criollo significa: pagá más impuestos, bancá el déficit, hacete cargo de los que no hicieron los deberes.

Si logramos consolidar un relato social donde triunfar es virtuoso y no sospechoso, las consecuencias prácticas aparecen rápido. Menos presión tributaria porque se legitima la ganancia, más crédito bancario porque hay confianza en el repago, más jóvenes estudiando carreras duras porque ven que el esfuerzo rinde. Para la clase media, eso se traduce en empleos de mejor calidad y en la posibilidad de proyectar un futuro sin sobresaltos cambiarios. Para las PyMEs, en un mercado interno que premia la eficiencia y un mercado externo que no las penaliza con derechos de exportación.

Milei cerró su mensaje con una despedida íntima, pero el ruido que deja es político y económico. Ojalá que el recuerdo de Jorge Messi sirva para que, como sociedad, empecemos a aplaudir a los que generan valor en lugar de pedirles perdón por tener éxito. Porque, parafraseando a José Luis Espert, la única lucha contra la pobreza que funciona es la que se da creando riqueza, no envidiando al que la crea.

Relacionado: Liberalismo vs populismo en América Latina: el veredicto económico — otra mirada sobre el mismo tema.

Fuentes citadas

  1. Perfil — Nota original con las declaraciones de Milei sobre la muerte de Jorge Messi y la crítica al anti-Messi.
  2. INDEC — Dato de pobreza del segundo semestre de 2025: 41,7% de la población.
  3. Banco Mundial - Doing Business — Ranking de facilidad para hacer negocios donde Argentina ocupa el puesto 159.

Preguntas frecuentes

¿Por qué vinculan la muerte del padre de Messi con la economía?
Porque la reacción de Milei expone un fenómeno cultural —el resentimiento hacia el que triunfa— que tiene consecuencias económicas concretas: desalienta la innovación, justifica impuestos altos y frena la inversión.
¿Hay datos que muestren el costo de la cultura anti-mérito?
Sí. Argentina invierte solo el 15% de su PBI, contra el 25% de países dinámicos, y ocupa el puesto 159 en facilidad para hacer negocios. La pobreza del 41,7% (INDEC) no se reduce con envidia, sino con políticas pro-mercado.
¿No es exagerado comparar a Messi con un emprendedor?
En absoluto. Ambos generan valor a partir de su talento y esfuerzo. Si la sociedad castiga simbólicamente al que destaca, el efecto sobre la iniciativa privada es el mismo: menos gente dispuesta a arriesgar.
¿Qué puede hacer un gobierno liberal para cambiar esa cultura?
Bajar impuestos, eliminar regulaciones absurdas y, sobre todo, predicar con el ejemplo: dejar de estigmatizar al que gana, al que exporta, al que crece. Las señales presidenciales como la de Milei importan.