instituciones

El día después de Milei: lo que el sector productivo necesita saber ya

El día después de Milei: lo que el sector productivo necesita saber ya
El día después de Milei: lo que el sector productivo necesita saber ya

La pregunta que se hace el que invierte, no el que comenta

Hay una conversación que se repite en los últimos meses en las cámaras empresariales, en los grupos de WhatsApp de importadores, en las mesas de los estudios contables que atienden PyMEs del interior. No es sobre el tipo de cambio de hoy ni sobre la tasa de interés de mañana. Es sobre algo más incómodo: ¿qué pasa si este gobierno termina y el que viene da vuelta todo?

Según Identidad Correntina, la pregunta sobre el "mileísmo sin Milei" empieza a inquietar al poder económico. La nota lo plantea como una cuestión de poder político. Nosotros lo leemos desde otro lugar: desde el escritorio del que tiene que decidir si firma un crédito a cinco años, si compra una máquina, si contrata dos empleados más.

Esa decisión no se toma con ideología. Se toma con previsibilidad.

El problema de fondo: el rumbo depende de un hombre, no de instituciones

Uno de los diagnósticos más honestos que puede hacerse sobre el proceso iniciado en diciembre de 2023 es este: el ajuste fiscal, la desregulación, la apertura comercial y la reducción del gasto público son políticas correctas en dirección. Pero siguen siendo, en buena medida, políticas de un gobierno más que reglas del sistema.

Hayek lo advertía con claridad: la libertad económica durable no se sostiene sobre líderes carismáticos sino sobre marcos institucionales que sobreviven a los gobiernos. Friedman, por su parte, insistía en que las reformas que no se codifican en reglas verificables son reversibles en el primer ciclo electoral adverso.

Argentina tiene una historia larga en eso. El Plan Austral duró lo que duró Alfonsín. La convertibilidad sobrevivió a Menem pero no a De la Rúa. El kirchnerismo construyó durante doce años una arquitectura de controles que tardó décadas en instalarse y que todavía no terminamos de desmantelar.

La pregunta que se hace el emprendedor no es caprichosa: es la pregunta correcta.

Lo que el productor mira cuando proyecta a cinco años

Un exportador de economías regionales, un fabricante de autopartes, un desarrollador de software que vende al exterior: todos ellos toman decisiones de inversión con horizonte de tres a diez años. En esa ventana, un cambio de gobierno es casi certeza estadística.

Entonces la variable que pesa no es solo el tipo de cambio de hoy —aunque pesa, claro— sino la probabilidad de que las reglas de juego se mantengan razonablemente estables más allá de 2027. Eso incluye: ¿seguirá habiendo superávit fiscal o volvemos al déficit financiado con emisión? ¿Se consolidará la apertura importadora o vuelven las trabas? ¿El BCRA seguirá siendo más predecible o volvemos a la discrecionalidad total?

Ninguna de esas preguntas tiene respuesta garantizada hoy. Y la incertidumbre sobre esas respuestas tiene un costo concreto: se llama prima de riesgo, y se descuenta directo de la tasa a la que accede una PyME cuando pide un préstamo.

Lo que debería pasar y no está pasando lo suficiente

El camino para que el rumbo sobreviva a cualquier nombre propio tiene nombre: institucionalización. Y eso implica varias cosas que el gobierno actual debería estar priorizando con más energía.

Primero, reforma del Estado con base legal sólida. El DNU tiene sus límites constitucionales y políticos. Las reformas que se hacen por decreto se deshacen por decreto. Lo que se aprueba en el Congreso con mayoría es más difícil de revertir.

Segundo, construcción de coalición opositora moderada. Si el espacio liberal-republicano no logra convencer a sectores del PRO, de la UCR o de los gobernadores del interior de que el rumbo fiscal es irreversible, el día después de 2027 puede ser un salto al vacío.

Tercero, y esto lo señalan economistas de distintas tradiciones: la baja de impuestos y la simplificación tributaria tienen que avanzar para que el sector privado tenga incentivos reales a formalizarse y crecer. El INDEC registra que la presión tributaria sobre las empresas formales sigue siendo una de las más altas de la región. Eso no se resuelve con voluntarismo.

El mileísmo como fenómeno electoral vs. el liberalismo como política de Estado

Hay una distinción que conviene hacer con precisión: el mileísmo es un fenómeno político-electoral, con sus lógicas, sus tensiones internas y su dependencia de la figura del presidente. El liberalismo económico, en cambio, es un conjunto de políticas que pueden y deben sobrevivir a cualquier liderazgo individual.

Juan Bautista Alberdi no gobernó la Argentina. Pero su Constitución de 1853 —con su apertura al capital extranjero, su defensa de la propiedad y su apuesta al comercio— generó cuatro décadas de crecimiento que convirtieron al país en potencia regional. Las ideas bien institucionalizadas duran más que los caudillos.

El desafío de hoy es exactamente ese: que las ideas que están moviendo la aguja en la dirección correcta —equilibrio fiscal, reducción de la burocracia, apertura, previsibilidad cambiaria— dejen de ser atributos de un gobierno y pasen a ser atributos del sistema.

Mientras eso no ocurra, el emprendedor que piensa en ampliar su planta va a seguir esperando. No por falta de ganas. Por falta de certeza.

Conclusión que no es conclusión: es una demanda concreta

La pregunta sobre qué pasa con el rumbo económico si Milei no está en 2027 no tiene que resolverla el analista político. Tiene que resolverla el gobierno, construyendo las condiciones para que la respuesta sea: "el rumbo sigue porque ya no depende de una persona".

Eso requiere mayorías legislativas, acuerdos con gobernadores, reformas estructurales aprobadas en el Congreso y una oposición moderada que entienda que el ajuste fiscal no es ideología de derecha sino condición de supervivencia macroeconómica.

Mientras tanto, el que tiene el galpón sigue esperando. Y esperar tiene costo. En Argentina, ese costo siempre lo paga el que produce.

Fuentes citadas

  1. Identidad Correntina — El mileísmo sin Milei — Nota original que disparó el análisis editorial.
  2. INDEC — Instituto Nacional de Estadística y Censos — Fuente de referencia para datos de actividad económica, empleo privado y cuentas nacionales.
  3. BCRA — Banco Central de la República Argentina — Referencia para datos de política monetaria, tipo de cambio y condiciones de crédito al sector privado.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la continuidad del rumbo económico importa más allá de la política?
Porque las decisiones de inversión privada —ampliar una planta, contratar personal, tomar crédito a largo plazo— se toman con horizonte de años, no de meses. Si las reglas de juego pueden cambiar radicalmente con el próximo gobierno, el riesgo percibido sube y la inversión se frena.
¿Qué significa 'institucionalizar' el rumbo económico?
Significa que las reformas clave —equilibrio fiscal, apertura comercial, desregulación— queden codificadas en leyes aprobadas por el Congreso, no solo en decretos o en la voluntad de un presidente. Las leyes son más difíciles de revertir que los decretos.
¿El ajuste fiscal actual es sostenible más allá de este gobierno?
Solo si hay una coalición política suficientemente amplia que lo defienda y si las reformas estructurales avanzan en el plano legislativo. Un superávit sostenido por un solo partido sin mayoría parlamentaria es frágil.
¿Cómo afecta esta incertidumbre al crédito para PyMEs?
La incertidumbre sobre la continuidad del rumbo se traduce en mayor riesgo país y en tasas de interés más altas para el sector privado. Una PyME que pide un crédito a cinco años está, en parte, pagando la prima de riesgo de no saber qué gobierno habrá en ese plazo.
¿Hay ejemplos históricos de reformas liberales que sobrevivieron a sus impulsores?
Sí. La Constitución de 1853 inspirada en Alberdi generó décadas de crecimiento más allá de cualquier gobierno particular. En Chile, las reformas de los años 80 —más allá de su contexto— quedaron institucionalizadas y sobrevivieron a múltiples cambios de signo político.