Economía y libertad
37% de imagen: lo que el termómetro político no le dice al emprendedor
El termómetro y el paciente son dos cosas distintas
Según un relevamiento publicado por MinutoUno, la imagen positiva de Javier Milei ronda el 37% y aproximadamente la mitad de los argentinos considera que la economía empeoró desde que asumió. Los analistas políticos ya están sacando cuentas electorales. Los comunicadores de todos los colores debaten si el gobierno está en crisis o en un bache transitorio. El mercado de las encuestas factura bien esta semana.
Mientras tanto, en el galpón de Rosario, en el taller de Quilmes o en el campo de La Pampa, nadie está mirando el porcentaje de aprobación presidencial para decidir si renueva la maquinaria, si contrata un empleado más o si amplía el cupo de exportación. El emprendedor mira otras variables. Y ahí es donde el debate público se vuelve completamente estéril para quien produce.
Lo que la encuesta captura y lo que no
Las encuestas de imagen miden percepción, no realidad económica objetiva. Mezclan en un mismo número al empleado estatal que perdió privilegios, al jubilado que ve su haber rezagado, al comerciante que todavía no recuperó ventas y al exportador que por primera vez en años puede pensar en un tipo de cambio que no lo descapitaliza de entrada. Ese 37% es una foto de sensaciones diversas comprimidas en un solo dato. Útil para el consultor político. Poco útil para entender qué le pasa a la economía real.
Lo que sí es cierto, y hay que decirlo sin eufemismos, es que la recuperación del poder adquisitivo fue despareja y tardó más de lo que el gobierno prometió en campaña. La inflación bajó de forma sostenida —pasó de superar el 25% mensual en diciembre de 2023 a niveles de un dígito bajo en los primeros meses de 2025, según datos del INDEC— pero el salario real promedio todavía no recuperó el terreno perdido en el arranque del ajuste. Eso explica buena parte del malestar que capturan las encuestas. No hay que negarlo: es un costo real que pagaron personas reales.
El ajuste que importa: el de las reglas, no solo el del gasto
Ahora bien, la pregunta que República Libre le hace al debate es otra: ¿cambió la estructura de incentivos para quien produce? Porque si la respuesta es sí, aunque parcialmente, entonces estamos ante una transformación con valor de largo plazo que las encuestas de imagen semanales no van a capturar.
Algunos elementos concretos que sí cambiaron:
- El déficit fiscal primario pasó a superávit. No es un dato abstracto: significa que el Estado dejó de emitir para financiar gasto corriente a la velocidad que lo hacía. Eso reduce la presión inflacionaria estructural, que era el impuesto más regresivo y más dañino para cualquier plan de negocios de mediano plazo.
- Se eliminaron restricciones cambiarias que hacían imposible la planificación para el exportador. El acceso al mercado de cambios, aunque todavía imperfecto, mejoró respecto al cepo que ahogaba al sector agropecuario y a la industria exportadora.
- Se desreguló parcialmente el mercado laboral y se simplificaron trámites para la apertura de empresas, aunque la reforma estructural en este punto sigue siendo insuficiente.
Nada de esto aparece en la encuesta de imagen. Aparece, en cambio, en las decisiones de quienes están mirando si vale la pena apostar al país.
El problema que sí preocupa desde el galpón
Dicho esto, sería deshonesto ignorar lo que todavía no funciona y que el emprendedor siente en el bolsillo todos los días.
La presión tributaria sobre las PyMEs no bajó de forma significativa. El costo laboral no salarial sigue siendo uno de los más altos de la región. El crédito productivo para la pequeña empresa todavía es caro y escaso. Y la maraña burocrática provincial y municipal —que el gobierno nacional no puede desmantelar por decreto— sigue siendo un freno real para quien quiere formalizar, contratar o crecer.
Hayek lo explicó con precisión hace décadas: no alcanza con que el gobierno central se ordene si las instituciones intermedias siguen generando costos de transacción que hacen inviable el cálculo económico del pequeño productor. El federalismo fiscal argentino es una trampa que ningún gobierno nacional resolvió, y este tampoco lo está resolviendo a la velocidad que el sector productivo necesita.
Además, la incertidumbre cambiaria de mediano plazo —con un crawling peg que fue exitoso para bajar la inflación pero que genera dudas sobre su sostenibilidad post-electoral— es una variable que el empresario exportador mira con atención. Invertir en capacidad productiva para exportar requiere previsibilidad a tres o cinco años. Las encuestas de imagen no dan esa previsibilidad. Tampoco los anuncios de campaña.
El error de los dos bandos en el debate público
El kirchnerismo y sus variantes celebran el 37% como si fuera la prueba de que el modelo liberal fracasó. El error es doble: primero, confunden imagen presidencial con resultado económico estructural; segundo, no ofrecen ninguna alternativa que no sea volver al esquema de emisión, cepo y gasto que llevó la inflación al 211% interanual en 2023, según el INDEC.
Pero el oficialismo también comete su propio error cuando responde con triunfalismo los datos macroeconómicos sin reconocer que la recuperación no llegó pareja a todos los sectores. El productor que todavía no recuperó ventas no necesita que le expliquen que el balance fiscal mejoró. Necesita que bajen los impuestos que lo asfixian y que el crédito llegue a tasas razonables.
Ambos bandos hablan para sus hinchadas. Ninguno habla desde el galpón.
Lo que sigue importando
La Argentina que produce no se mueve por encuestas. Se mueve por contratos, por tipos de cambio, por tasas de interés, por la certeza de que las reglas de mañana van a ser parecidas a las de hoy. En ese sentido, el gobierno de Milei hizo algunas cosas bien y tiene pendientes muchas otras que son urgentes.
La baja de la inflación es real y es valiosa. El equilibrio fiscal es real y es valiosa. Pero mientras la carga tributaria sobre el sector privado no baje de forma estructural, mientras el Estado provincial y municipal no se ajuste al mismo ritmo que el nacional, y mientras el crédito productivo no fluya a tasas que hagan viable la inversión, el 37% de imagen va a ser el menor de los problemas. El problema mayor va a ser que los emprendedores sigan mirando hacia afuera antes de apostar adentro.
Las encuestas miden el humor del momento. Las inversiones miden la confianza en el futuro. Y hoy esas dos agujas apuntan en direcciones distintas. Eso es lo que vale la pena discutir.
Fuentes citadas
- MinutoUno — Imagen positiva de Milei ronda el 37% — Fuente original de la noticia sobre encuesta de imagen presidencial y percepción económica.
- INDEC — Índice de Precios al Consumidor — Datos oficiales de inflación mensual e interanual utilizados para contextualizar la evolución de precios desde diciembre de 2023.
- INDEC — Índice de Salarios — Evolución del salario real para contrastar con la baja de inflación y explicar la brecha de percepción ciudadana.
