Economía y libertad
Inflación de junio y baja con Milei: ¿estabilización real o pausa?

Datos clave
- IPC junio 2024: 4,6% mensual, el más bajo desde enero 2022 (INDEC).
- IPC diciembre 2023: 25,5% mensual, pico post-devaluación (INDEC).
- Inflación acumulada primer semestre 2024: 79,8% (INDEC).
- Inflación núcleo junio 2024: 3,7%, por debajo del nivel general (INDEC).
- Interanual junio 2024: 271,5%, arrastre del régimen anterior (INDEC).
Cuánto bajó la inflación en junio de 2024 bajo el gobierno de Milei
La inflación de junio de 2024 fue del 4,6% mensual según el INDEC, la cifra más baja en 29 meses y muy por debajo del 25,5% de diciembre de 2023. En el acumulado del primer semestre 2024 la inflación fue de 79,8%, todavía altísima, pero con una clara tendencia descendente frente al pico de fin de 2023.
Es el sexto mes consecutivo de baja: 25,5% en diciembre, 20,6% en enero, 13,2% en febrero, 11% en marzo, 8,8% en abril, 4,2% en mayo y 4,6% en junio. Una desaceleración de más de 20 puntos en seis meses. El dato es lo que es: un cambio de régimen respecto de lo que dejó el gobierno anterior.
El mismo INDEC que en 2023 marcaba 25,5%: ahora reconoce 4,6%
Hay que decirlo con todas las letras: la desinflación es real y la mide el mismo organismo que registró el descalabro previo. El INDEC de Marco Lavagna primero y Marco Lavagna después —sí, siguió— es el que publica ambas series. No hay cocina estadística nueva ni cambio metodológico que explique el desplome.
En diciembre de 2023, tras la corrección del tipo de cambio oficial (de $366 a $800), la inflación pegó un salto lógico: sinceramiento de precios reprimidos durante años por el cepo cambiario y los acuerdos de "Precios Cuidados" que sostenía Massa. El costo político lo pagó Milei apenas asumido, pero era la única forma de dejar de emitir para financiar el déficit.
Los datos que el kirchnerismo terminal prefiere no mostrar
El relato de que "la inflación baja porque la gente no consume" ignora un componente clave: la inflación núcleo, que excluye precios estacionales y regulados, cerró junio en 3,7%, incluso por debajo del nivel general. Es decir, la parte del IPC que refleja la dinámica monetaria genuina está desacelerando más rápido que el titular.
Algunos datos que sostienen el proceso:
- Base monetaria congelada desde junio, con emisión cero para financiar al Tesoro.
- Superávit fiscal financiero por sexto mes consecutivo en el primer semestre (Ministerio de Economía).
- Riesgo país bajó de más de 2.900 puntos en diciembre a alrededor de 1.500 en julio.
- Reservas del BCRA con compras netas sostenidas durante el primer trimestre.
Esto no es magia ni suerte. Es lo que Hayek, Friedman y —para los que prefieren autores nacionales— Alberdi vienen diciendo hace décadas: sin déficit financiado con emisión, la inflación cede. Nada nuevo bajo el sol, salvo para los que gobernaron 16 de los últimos 20 años.
Cronología del papelón: lo que decían los economistas K en diciembre
En diciembre de 2023, cuando Milei anunció el ajuste fiscal y la devaluación, los economistas heterodoxos pronosticaban hiperinflación inminente. "Vamos a 300% mensual", decían algunos. "Es un plan de estabilización imposible sin plan social masivo", agregaban otros.
Seis meses después:
- La inflación mensual está en 4,6%, no en 300%.
- El superávit fiscal se sostiene mes a mes.
- No hubo estallido social a pesar del ajuste real sobre jubilaciones y salarios públicos.
- La brecha cambiaria se comprimió de más del 200% a alrededor del 30-40% en algunos momentos del semestre.
El pacto que la Argentina viene rompiendo hace medio siglo empieza, tímidamente, a repararse. Pero ojo: reparar no es haber reparado.
Y encima: por qué la desinflación puede clavarse en un piso incómodo
Acá viene la parte donde este medio no hace prensa oficial. La baja del 4,2% de mayo al 4,6% de junio ya mostró que el proceso no es lineal. Y hay razones estructurales para preocuparse por lo que viene:
1. Tarifas y precios regulados atrasados. Buena parte del descenso se apoya en aumentos de energía y transporte que se fueron postergando. Cada vez que se sinceran, empujan el IPC. Es el mismo pecado del kirchnerismo, ahora aplicado con timing distinto.
2. Cepo cambiario todavía vigente. El dólar oficial subió al 2% mensual (crawling peg), muy por debajo de la inflación. Eso ancla precios, pero atrasa el tipo de cambio real y desincentiva exportaciones. Es una anestesia, no una cura. Como analizamos en la nota sobre por qué la Argentina sigue con tres monedas, el costo oculto de este régimen es enorme.
3. Reformas estructurales pendientes. La reforma económica de bases estructurales todavía tiene capítulos abiertos: reforma laboral, tributaria, previsional. Sin eso, el equilibrio fiscal depende de licuación, no de eficiencia estatal.
4. La batalla del BCRA. Como venimos señalando, la carta orgánica del BCRA sigue siendo una batalla no ganada. Sin un Banco Central genuinamente independiente o —directamente— sin un régimen de competencia de monedas, cualquier gobierno futuro puede volver a prender la maquinita.
Qué mira el sector productivo (más allá del titular)
Para quien produce, factura y contrata en Argentina, el número del IPC es solo la mitad de la historia. La otra mitad es la previsibilidad. Y ahí las señales son mixtas.
Según datos del INDEC, la inflación mayorista y la de costos de la construcción también desaceleran, pero a distinto ritmo que el consumidor final. Eso genera un problema clásico argentino: márgenes comprimidos en sectores exportables y márgenes cómodos en sectores no transables. La típica economía cerrada.
El empleo privado formal, en tanto, sigue en niveles similares a 2011 (Ministerio de Trabajo, datos SIPA). La desinflación no alcanza si el país no crea puestos de trabajo genuinos. Y eso solo pasa con inversión, y la inversión solo llega con reglas de juego estables. Como venimos escribiendo sobre instituciones y desarrollo económico, sin reglas no hay milagro monetario que alcance.
Se cae el relato, pero falta lo más difícil
Admitir un trade-off: la desinflación de 2024 es un logro macro real, medible y verificable. Cualquier análisis honesto tiene que reconocerlo. El plan de emisión cero, superávit fiscal y ancla cambiaria funcionó para bajar de 25% mensual a menos de 5% en seis meses. Punto.
Ahora, tampoco alcanza con eso. Si la baja se estanca en 3-4% mensual (lo que da 45-55% anual), Argentina sigue siendo uno de los países más inflacionarios del mundo. Y si para bajar de ahí hay que salir del cepo, ajustar tarifas restantes y desarmar el crawling peg, va a haber un nuevo salto de precios en el corto plazo. No hay salida indolora.
El BCRA con compras netas sostenidas muestra que el plan tiene margen. El desafío ahora es pasar de estabilización a crecimiento. Y ahí ninguna estadística mensual del INDEC alcanza: hace falta reforma laboral, apertura comercial, seguridad jurídica y una cultura del mérito que este país perdió hace mucho.
La inflación de junio baja con Milei y hay estabilización. Sí. Pero estabilización no es prosperidad. Es solo la condición necesaria —no suficiente— para que empiece a haberla.
Relacionado: Blindar al INDEC: cuando la verdad necesita una ley para sobrevivir — otra mirada sobre el mismo tema.
Fuentes citadas
- INDEC — Índice de Precios al Consumidor — Serie oficial mensual del IPC nacional, con desagregado por rubro y por región.
- Ministerio de Economía de la Nación — Informes de ejecución presupuestaria y resultado fiscal mensual del Sector Público Nacional.
- BCRA — Principales variables — Base monetaria, reservas internacionales y tipo de cambio de referencia.
- INDEC — Índice de Precios Mayoristas — Serie del IPIM, útil para anticipar tendencias del IPC minorista.



