economia-libertad
Por qué la Argentina sigue con tres monedas y qué costos oculta ese régimen
Tres monedas para un solo bolsillo
Cualquier argentino que gane más de dos salarios mínimos opera con tres monedas: el peso para los gastos corrientes (alquiler, super, servicios), el dólar para el ahorro (colchón, plazo fijo en dólares, mercado inmobiliario), y cada vez más stablecoins para transferencias y freelance internacional.
Ese sistema no está escrito en ninguna ley, pero funciona con reglas de facto. El problema no es que funcione mal — funciona sorprendentemente bien dado el desastre monetario. El problema son los costos que oculta.
El impuesto invisible del spread
Cada conversión entre las tres monedas cuesta. El spread entre dólar oficial y libre osciló entre 30% y 100% en la última década. Cuando comprás cripto para transferir un pago freelance, pagás fee de compra, fee de red, fee de cash-out. Un trabajador con ingreso en dólares que quiere consumir en pesos pierde entre 5% y 20% en ese circuito.
Multiplicado por los millones de argentinos que operan así, el spread es un impuesto invisible que va a brokers, cambistas y wallets, no al Estado. Es un impuesto puramente friccional — no financia salud ni educación ni jubilaciones, sólo compensa a los intermediarios que reducen la fricción.
Por qué el bimonetarismo no se admite
En términos económicos, Argentina ya es una economía bimonetaria de hecho. El BCRA lo sabe: sus propios estudios de 2024 estiman que el 68% del ahorro de los hogares está en moneda extranjera. Pero admitirlo formalmente traería consecuencias fiscales que ningún gobierno argentino quiere.
Si el peso compite en igualdad de condiciones con el dólar, el señoreaje inflacionario deja de ser una fuente de financiamiento. Eso obliga a superávit primario permanente. Ninguna coalición argentina sostuvo eso más de dos años.
¿Y la dolarización?
Dolarizar formalmente resuelve el problema del señoreaje pero introduce otro: la disciplina fiscal se vuelve exógena. Ecuador dolarizó en 2000 y le funcionó hasta 2016; después Correa acumuló déficit sin poder financiarlo con emisión y terminó defaulteando bonos externos.
Argentina no tiene el stock de dólares que se necesita para dolarizar en frío. Cualquier propuesta seria requiere un fondo de credibilidad de al menos US$25.000 millones y una reforma previsional simultánea. Ninguna de las dos está sobre la mesa.
Una alternativa: reglas fiscales creíbles
La salida realista es menos épica: reglas fiscales atadas al ciclo económico, con techo al déficit estructural y transparencia total en el gasto por partida. Suecia lo hizo en 1994 después de su crisis bancaria; Chile lo hizo en 2001. Ambos siguen teniendo moneda propia.
Con un peso que gana credibilidad, el spread entre oficial y libre baja, la demanda de pesos aumenta, y el bimonetarismo se atenúa naturalmente. No desaparece — porque nadie olvida — pero deja de ser un problema cotidiano.
Lo que este eje va a seguir
Vamos a volver sobre este tema cuando salgan datos nuevos: encuestas de dolarización de portafolios, volumen cripto de intercambios locales, evolución del spread. La pregunta clave no es "peso o dólar" sino cómo hacer que la moneda dependa menos del ciclo político y más de reglas.
